Durante años, la obesidad se explicó con un enfoque simplificado y erróneo: comer menos, moverse más y tener fuerza de voluntad.
Ese enfoque culpó a muchas personas de su peso y convirtió un problema médico complejo en una cuestión de conducta.
La evidencia científica ha demostrado que esta lectura no describe la realidad biológica del cuerpo humano.
La regulación del peso depende de sistemas hormonales, metabólicos y neurológicos que responden al entorno moderno, no a la disciplina individual.
Culpar a las pacientes no solo es injusto. También retrasa el diagnóstico, dificulta el tratamiento y aumenta el estigma.
Hoy sabemos que la obesidad no es un fallo personal, sino una condición influida por factores fisiológicos y ambientales que exceden la responsabilidad individual.
El objetivo de este artículo es explicar ese cambio de paradigma con rigor médico y de forma clara.
El antiguo paradigma
El enfoque tradicional explicaba el sobrepeso y la obesidad como un tema de responsabilidad personal. Este planteamiento generó culpa, desmotivación y una interpretación incorrecta del problema.
Las recomendaciones de “come menos” y “muévete más” no tenían en cuenta la fisiología del peso corporal. No consideraban cómo responde el organismo cuando percibe restricción, estrés o falta de energía.
Los estudios de Leibel, Rosenbaum y Hall demostraron que, tras perder peso, el cuerpo activa mecanismos de defensa: reduce el gasto energético, aumenta el apetito y modifica hormonas clave como la leptina, la grelina y el cortisol. Estos cambios no dependen de la disciplina, sino de la biología. Por eso la mayoría de personas recupera el peso tras una dieta estricta aunque mantenga el esfuerzo.
El enfoque antiguo también retrasó el momento en el que se buscaba apoyo médico. Muchas mujeres llegaban a la consulta con una mezcla de frustración y culpa, convencidas de que no estaban haciendo bien las cosas, que les fallaba su autocontrol cuando, en realidad, su metabolismo estaba respondiendo a señales hormonales y ambientales.
El resultado fue peor salud física y malestar emocional. En este punto se hizo necesario un cambio de enfoque.
Qué demuestra la ciencia hoy
Las investigaciones actuales han cambiado por completo la forma de entender el sobrepeso y la obesidad.
Hoy se ha demostrado que el peso corporal está regulado por mecanismos biológicos que funcionan de manera automática y defensiva. El cuerpo no interpreta la pérdida de peso como un logro, sino como una amenaza. Por eso activa respuestas hormonales y neuronales que favorecen la recuperación del peso perdido.
La evidencia señala que la obesidad no aparece por una única causa. Surge de la combinación entre factores como genética, metabolismo, sistema hormonal, microbiota, sueño, estrés y un entorno alimentario muy diferente al de hace décadas.
Este conjunto de factores va mucho más allá del autocontrol.
El sistema de recompensa cerebral responde de manera intensa a alimentos hiperpalatables. El sueño irregular altera el cortisol y el control glucémico. El sedentarismo prolongado modifica la sensibilidad a la insulina.
La vida moderna introduce estímulos que no existían en el entorno ancestral y el organismo reacciona adaptándose de forma que favorece el aumento de peso.
La ciencia moderna no culpa a las personas. Explica qué sucede en su biología y ofrece un modo realista para tratar el sobrepeso y la obesidad con rigor.
Las cuatro fuerzas fisiológicas que explican el aumento de peso
Comida hiperpalatable: el cerebro responde de forma distinta a la comida actual
Hoy comemos alimentos diseñados para ser más sabrosos y estimulantes que los de hace unas décadas. Combinan azúcar, grasa y sal de una forma que activa con fuerza los circuitos de recompensa del cerebro.
Esa activación repetida genera más deseo, más pensamientos sobre comida y más dificultad para regular el apetito. No es falta de control. Es biología respondiendo a estímulos muy potentes.
Vida sedentaria y desacople metabólico
El cuerpo está preparado para moverse muchas horas al día, pero nuestra vida actual ocurre sentados: trabajo, ocio, transporte.
Este sedentarismo se combina con menos luz natural, peor sueño y más estrés. El resultado es una alteración de hormonas clave como la leptina, la grelina y el cortisol.
Cuando esto sucede, el cuerpo reduce el gasto energético para “protegerse”. No aumenta la energía para moverse. Por eso decir “haz más ejercicio” no resuelve el origen del problema.
Ritmo circadiano desajustado
El exceso de pantallas por la noche, los horarios cambiantes y la falta de descanso rompen el reloj interno que regula el apetito, el metabolismo y el estado de ánimo.
Cuando el ritmo circadiano se altera, sube el apetito nocturno, aparecen más antojos y empeora el control de la glucosa.
Dormir poco o a deshoras no engorda “por sí mismo”. Lo hace a través de cambios hormonales muy claros.
Estrés crónico: más inflamación y más necesidad de energía rápida
El estrés sostenido provoca que el cerebro busque energía rápida para seguir funcionando.
Esto aumenta el deseo de alimentos calóricos, especialmente por la noche.
No es psicología, ni un mal hábito. Es una respuesta del sistema nervioso que intenta mantener el equilibrio frente al cansancio, la preocupación o la sobrecarga laboral.
El papel de las hormonas en la regulación del peso
El peso corporal no depende solo de lo que comemos. Depende, sobre todo, de cómo responden nuestras hormonas. Estas señales internas coordinan el apetito, la saciedad y el gasto energético. Cuando se alteran, el cuerpo tiende a ganar peso o a defender el que ya tiene.
Leptina
Es la hormona que informa al cerebro de que tenemos energía suficiente. Cuando baja, el apetito aumenta y el gasto energético disminuye. En la obesidad, el cerebro deja de responder bien a la leptina y eso mantiene el hambre incluso con reservas elevadas.
Grelina
Es la hormona del hambre. Sube cuando el cuerpo necesita energía y baja después de comer. El sueño irregular, el estrés y las dietas muy restrictivas elevan la grelina de forma persistente, aumentando los antojos.
Insulina
Regula la glucosa y facilita que las células almacenen energía. Cuando hay resistencia a la insulina, el cuerpo almacena más grasa y le cuesta liberarla. Esto favorece que el peso se mantenga alto aunque la persona haga dieta.
Cortisol
Es la hormona del estrés. En niveles altos y mantenidos aumenta el apetito, empeora el sueño y favorece el almacenamiento de grasa en la zona abdominal.
Estas hormonas interactúan entre sí. Cuando una se altera, las demás también cambian. Por eso la obesidad no se resuelve solo “comiendo mejor”. Requiere entender qué hormonas están desajustadas y actuar sobre el origen del problema.
Por qué tantas personas están enfermas sin saberlo
Muchas personas viven con síntomas que normalizan sin darse cuenta de que están relacionados con su metabolismo: cansancio constante, sueño irregular, más hambre por la noche, dificultad para perder peso, digestiones pesadas o hinchazón. Como estos síntomas aparecen de forma lenta, se integran en la rutina y dejan de verse como señales de alarma.
Además, la vida moderna favorece el desajuste hormonal sin que la persona lo note. Pasamos muchas horas sentados, dormimos mal, comemos rápido, lidiamos con estrés continuo y recibimos estímulos alimentarios que antes no existían. Todo esto altera el metabolismo poco a poco, hasta que el cuerpo funciona en un modo de defensa que facilita el aumento de peso y dificulta la pérdida.
A esto se suma el estigma. Muchas mujeres llegan a consulta pensando que “no hacen suficiente”, cuando en realidad su organismo lleva tiempo tratando de compensar un ritmo que no puede sostener. El problema no es falta de esfuerzo. Es una alteración biológica que necesita evaluación médica, no culpa.
Detectar estos signos permite intervenir antes, regular hormonas clave y mejorar el bienestar general. Entender que estos síntomas no son normales es el primer paso para recuperar la salud metabólica.
El enfoque del Dr. García Manero: el programa AURA para una regulación integral
En nuestra consulta, muchas pacientes llegan tras años de intentos infructuosos para regular su peso. Han hecho dietas, ejercicio y tirado de fuerza de voluntad sin éxito duradero. Con el programa AURA proponemos un camino distinto: no se trata de comportamientos aislados, sino de restaurar el equilibrio interno del organismo.
¿Qué es el programa AURA?
AURA es un programa clínico diseñado para actuar sobre los cuatro ejes fisiológicos que explicamos previamente: entorno alimentario, metabolismo y movimiento, ritmos biológicos y estrés/inflamación.
El nombre define el objetivo: trabajar de forma holística, como un sistema que abarca todo el “aura” del metabolismo, la biología y la salud ginecológica.
Cómo funciona en la práctica
- Valoración inicial detallada: analítica hormonal y metabólica, composición corporal, patrón de sueño, nivel de estrés, hábitos alimentarios y actividad física.
- Identificación de desequilibrios específicos: por ejemplo, alteración de insulina, leptina o cortisol; sueño fragmentado que eleva grelina; comida ultra-procesada que altera circuitos de recompensa.
- Plan personalizado AURA:
- Ajuste médico (cuando corresponde) para regular hormonas o corregir resistencia a insulina.
- Nutrición adaptada al metabolismo y al estado hormonal de cada paciente.
- Ejercicio adaptado no solo para “quemar” sino para activar el metabolismo de forma sostenible.
- Mejora del sueño y de los ritmos circadianos para optimizar hormonas de hambre y saciedad.
- Gestión estructurada del estrés y de la inflamación, reconociendo que no se trata solo de “relajarse” sino de modificar respuestas biológicas.
¿Por qué no es una “dieta más”?
Porque el programa AURA entiende que el peso elevado o la dificultad para perderlo no solo se resuelven con más voluntad. Se resuelven cuando interrumpimos el mecanismo fisiológico que el cuerpo ha activado para defenderse. La voluntad sola no modifica la resistencia a la leptina, ni restablece un ritmo circadiano, ni reduce la activación del eje del estrés. AURA lo hace desde la base médica.
Objetivo final
Ayudar a cada mujer a recuperar un equilibrio metabólico, hormonal y ginecológico que le permita mantener su peso y su salud con estabilidad. El peso entonces adquiere su verdadero sentido: no un número, sino un indicador de bienestar integral.
Una nueva forma de acompañar a las mujeres en su salud metabólica
Comprender la obesidad desde la biología cambia por completo la forma de abordarla. Ya no se trata de pedir más disciplina ni de repetir consejos que no funcionan. Se trata de entender cómo responde el cuerpo, qué factores están alterando su equilibrio y qué necesita cada mujer para recuperar control y bienestar.
El programa AURA nace de esta visión. No busca soluciones rápidas ni enfoques parciales. Su objetivo es ofrecer un acompañamiento médico completo que tenga en cuenta hormonas, metabolismo, sueño, estrés y el entorno que vivimos. Cuando entendemos el peso desde esta perspectiva, desaparece la culpa y aparece un camino realista hacia la salud.
La ciencia nos muestra que el cuerpo no falla. Se adapta. Nuestro trabajo como médicos es identificar esas adaptaciones y ayudar a que el organismo vuelva a funcionar de forma estable. Ese es el objetivo final del programa AURA y el compromiso con cada paciente que atendemos.