En la menopausia cambian muchas cosas. El deseo también. A veces cambia la forma en la que aparece y muchas veces se reduce.
Casi siempre hay motivos concretos detrás.
El deseo no se rompe. Se frena.
Se frena cuando el cuerpo asocia el sexo con molestias o cuando la respuesta genital cambia.
En este artículo te ayudaremos a identificar qué está fallando en tu caso.
Veremos la diferencia entre deseo, disfrute y dolor.
Y te daremos pasos prácticos para recuperar comodidad y respuesta sexual.
Qué entendemos por “deseo sexual”
Muchas personas piensan en el deseo como una chispa que aparece sola. En la vida real, el deseo femenino muchas veces funciona de otra manera. No llega antes. Llega durante. Y esa diferencia, en menopausia, lo cambia todo.
Deseo espontáneo vs deseo inducido
Deseo espontáneo
Surge sin estímulo previo. Se expresa como interés o fantasías antes de iniciar la interacción.
Deseo inducido
Aparece durante el encuentro, tras la conexión y la estimulación. En esta etapa es habitual que disminuya el deseo espontáneo y predomine el deseo inducido.
Diferencia entre “no tener ganas” y “no disfrutar” o “tener dolor”
“No tengo ganas”
Suele referirse a la motivación. Al impulso previo. No aparece interés antes de empezar.
“No disfruto”
Hay acercamiento, pero no hay conexión. Falta excitación. Falta respuesta. Falta placer.
“Me duele”
Esto lo cambia todo. El dolor apaga el deseo. Si el cuerpo anticipa molestia, activa protección: evita, se tensa, se cierra.
El abordaje no es el mismo.
Si hay dolor, escozor o sequedad, el primer objetivo es recuperar confort. Tratar el tejido. Reducir fricción. Quitar el “freno”. Sin comodidad no hay deseo sostenido.
Si no hay dolor y lo que falta es interés, el foco pasa a otros factores: sueño, sofocos, estrés, estado de ánimo, medicación y dinámica de pareja. Ahí se trabaja energía, respuesta sexual y contexto.
¿Es normal perder el deseo sexual en la menopausia?
El descenso del deseo sexual durante la peri y la posmenopausia es un motivo de consulta frecuente.
No ocurre en todas las mujeres y no responde a una única explicación.
En muchos casos cambia tanto la intensidad del deseo como la manera en la que aparece.
Para entenderlo conviene partir de una idea práctica: el deseo suele disminuir cuando existe algún factor que actúa como freno, como el dolor, la sequedad, el mal descanso, la fatiga, el estrés, ciertos fármacos o dificultades en la relación.
Más que preguntarnos si “entra dentro de lo normal”, resulta más útil valorar cómo nos afecta y cómo gestionarlo.
Si este cambio afecta a tu bienestar, reduce tu disfrute o está generando tensión en la pareja, merece ser consultado con tu ginecólogo.
También conviene consultar si aparece dolor con la penetración o sensación de irritación posterior, sangrado tras las relaciones, sequedad persistente, infecciones urinarias o vaginales de repetición o un descenso del deseo que produce malestar significativo.
Causas del descenso de deseo en la menopausia
Entre las causas más habituales está el descenso de estrógenos, que produce cambios en el tejido vulvovaginal. Disminuye la lubricación, aumenta la fricción y pueden aparecer escozor y dolor. Cuando las relaciones se asocian a molestia, el cuerpo tiende a activar un patrón de protección y evitación.
En ese contexto, el deseo se apaga de forma directa, no por falta de interés afectivo, sino porque el organismo anticipa incomodidad.
A esto se suman factores generales que influyen de manera importante.
- Los sofocos y el insomnio fragmentan el sueño, y la fatiga sostenida reduce la disponibilidad para el deseo.
- El estrés mantenido y los cambios del estado de ánimo también afectan a la respuesta sexual, tanto por la carga mental como por la dificultad para conectar con el placer.
- Algunos medicamentos pueden disminuir la libido o dificultar el orgasmo, por lo que, si el problema coincide con un cambio de tratamiento, conviene revisarlo con criterio clínico y sin suspensiones por cuenta propia.
- La dinámica de pareja influye: el deseo suele resentirse cuando hay distancia emocional, conflictos, mala comunicación o cuando el sexo se vive como una obligación.
Falta de deseo en menopausia: enfoque médico
En consulta, empezamos buscando el factor dominante. Exploramos si existe dolor o sequedad, si hay alteraciones del sueño, si el estrés es elevado, si ha habido cambios de salud o medicación, y cómo es la vivencia en pareja.
Si predominan síntomas vulvovaginales, el primer objetivo suele ser recuperar el confort.
Si no hay dolor y la causa principal es la falta de interés por malestar relevante, el abordaje se centra en contexto, energía y factores emocionales y relacionales.
El tratamiento depende del origen.
Cuando predomina la sequedad o la molestia leve, el uso de lubricante durante las relaciones y de hidratantes vaginales de forma regular suele ser un primer paso, junto con evitar productos irritantes.
Si existe dolor o síntomas moderados, tras valoración clínica se puede prescribir un tratamiento local con el objetivo de mejorar el tejido, reducir la fricción y recuperar comodidad.
Si hay tensión o dolor asociado al suelo pélvico, la rehabilitación especializada ayuda a disminuir hipertonía y dolor y facilita que la respuesta sexual sea más favorable.
Si el problema base son los sofocos, insomnio y agotamiento, tratar el sueño y los síntomas vasomotores suele mejorar la energía y, con ello, la respuesta sexual.
En casos de deseo bajo persistente con malestar significativo, además del abordaje sexológico y de pareja, se valoran opciones terapéuticas específicas cuando están indicadas, siempre con criterios clínicos y seguimiento.
En cualquier caso, el punto de partida es no normalizar el dolor.
